lunes, 27 de julio de 2009

Tiradísima de los pelos

(Leer con la melodía de Presente de Vox Dei)

Soy reincidente si
lo tengo que aceptar
no existe error que yo
no repita.

Tienen que comprender
que no me causa risa
caerme en un pozo que
nunca termina.

Creía que parar
era cosa sencilla
decidir no caer
ser fuerte una vez.

Y olvide aquello
que alguna vez juraba
que nunca más haría, nunca más haría,
pero sin embargo volví a hacer.

Todo me demuestra
que al final de cuenta
prometo cada día
caigo cada día
soy reincidente
y ya lo sé.

No puedo yo entender
por qué no puedo parar
¿de que vale caer,
si después va a doler?

Inútil es pelear
no puedo detenerme
mi mente olvida por qué
y ahí me pierdo.

Creía que parar
era cosa sencilla
decidir no caer
ser fuerte una vez.

Y olvide aquello
que alguna vez juraba
que nunca más haría, nunca más haría,
pero sin embargo volví a hacer.

Todo me demuestra
que al final de cuenta
prometo cada día
caigo cada día
soy reincidente
y ya lo sé.

No puedo parar
de reincidir
solo queda (solo queda)
aceptar y gritar:
SOY REINCIDENTEEEEE

domingo, 19 de julio de 2009

Victoria dudosa

En nuestra infancia nos acostumbraron a premiarnos por hacer las cosas bien, o mejor dicho, por cumplir con lo supuestamente correcto. Ganábamos estrellas (corazones, caritas felices, gatito, perrito, etc) por escribir bien palabras como "á-r-b-o-l", por quedarnos callados las 5/6 horas de clases, por correr más rápido que el resto, por jugar al quemado y matar a pelotazos a toda niña que se cruzara en nuestro raid de violencia y destrucción. El sistema de premios y castigos se repetía en casi todos los colegios y perdura hasta nuestros días acosando y corrigiendo la conducta de los niños.
Todos sabemos que además de generar competencia y bronca entre los compañeros de clase, estos sistemas implicaban la construcción de un personaje, de mentir para alejarnos al menos un rato de lo que realmente eramos. Me sobran los dedos de una mano para contar los niños que realmente se portaban bien por naturaleza y convicción. La mayoría de nosotros librábamos una batalla a muerte con nuestro diablo interno para portarnos bien y ganarnos una vez al año el premio pedorro. Por puro interés conteníamos las ganas casi indomables de salir corriendo cuando la maestra lo prohibía, de tirarle en la cara ese tentador vaso lleno de tempera azul al compañero de al lado, de copiarnos en toda prueba, todo por un momento fugaz de reconocimiento. Teníamos que controlar nuestros pensamientos y el cuerpo para un minuto de gloria.
¿A que viene este recuerdo de la infancia? Paso a explicar. Con orgullo puedo decirles que este finde no reincidí: no hubo compras injustificadas, ni copas de más, ni sms a las 5 am (si hubo exceso de calorías, pero necesarias) No pasó nada de lo que hoy me tenga que arrepentir ni que caiga en la categoría de "cosas que prometí no hacer más". Pero me pregunto.. ¿Puedo considerar esto una verdadera victoria para el equipo cuando en mi mente se armaron mil maneras diferentes de reincidir? ¿Me gano la estrellita porque me porte bien a pesar de que mi buen comportamiento fue sólo en hechos mientras que en mi cabeza reincidí?
Los que van a misa recuerdan el "Yo confieso". Para los que no, hacia el principio dice algo así como "Yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión". La religión una vez más hace de las suyas y me quita toda ilusión de victoria. Sin tirar mucho de los pelos podemos inferir que pensar en reincidir es tan malo como reincidir en hechos (pero mil veces más aburrido) La mente me juega en contra y destruye la fortaleza construida para no caer en lo de siempre. Entonces claramente no es victoria, es una derrota incuestionable.
Mi imaginación voló por los aires más de una vez, me imaginé cayendo, revolcándome en el error y hasta disfrutándolo. Lejos de reformarme, sólo construí una fachada mentirosa para esconder los pensamientos recurrentes que sirvió para este fin de semana, pero quien sabe cuanto durará. El verdadero desafío está entonces en vencer a la cabeza y no sólo en dejar de reincidir. Ahí se complica bastante la cosa. Mi mente es fuerte, testadura e imposible de ignorar. Luchar contra ella es como empezar un Argentina-Brasil 3-0 abajo, muy difícil pero no imposible. Hay que ponerle ganas extras, una sonrisa grande y estar dispuesto a comerse varios golpes en el intento.
Por eso esto es una victoria dudosa y acá no tengo referí ni AFA para que me ayude a solucionar el problema. Pero supongo que a pesar de esto, podemos pensar que hoy estoy bastante mejor que ayer y que al menos esta vez pude controlar mis impulsos. Se que no me merezco una estrella, pero ¿Media?

jueves, 16 de julio de 2009

Top 5

Que esto no se interprete como una forma de justificar mis acciones, tan sólo son frases explicativas y nada lógicas para entenderme un poco más.

  1. "Mejor malo conocido..": Si a vos, persona promedio, lo seguro te tranquiliza, ni te imaginas a mi. Cuando caigo en lo mismo me salvo de todos los riesgos nuevos que implica lo desconocido. ¿Divertido? Muy poco. ¿Lógico? No se, pero en algún punto entendible.
  2. "Pegame que me gusta": Un espíritu masoquista por momentos me domina. Pareciera encantarme caer y decir "otra vez lo mismo, yo no cambio más", "que tonta que soy, no aprendo"etc. Soy la que se lastima, se saca la cascarita y se queja por el dolor que siente otra vez.
  3. "Pecar es humano pero se siente divino": Levante la mano quien no se tienta ni un poco con lo prohibido. El NO se convierte en un fantasma que nos acosa constantemente, el diablito en nuestro hombro que nos pincha y nos asegura que si le hacemos caso la vamos a pasar genial. Y bueno, la carne es débil y yo caigo como "la inocente palomita" que soy.
  4. "Bueno, bonito y barato": Está ahí, a mi alcance, en mi speed-dial. Reincidir es para mi como una remera de Complot en Sale. Seguramente no es el talle perfecto, tampoco es exactamente lo que estaba buscando ni puedo elegir el color que más me gusta, pero sin embargo la compro. De seguro hay mejores opciones si busco un poco, pero ya está ahi y cumple con las expectativas mínimas.
  5. "Más fácil que la tabla del 2": Ojo, no piensen cualquier cosa, no me refiero exactamente a eso. Reincidir me evita un serio esfuerzo mental, el trabajo de comparar, de analizar pros y contras. Es la auténtica salida fácil en toda situación.

Para los que se preguntan por qué no voy directamente a un psicólogo y me dejo de hinchar les digo que además de reincidente soy mala. Pienso negarle la fiesta y la alegría de tratarme a esos seudo médicos todo el tiempo que pueda. El día que toque fondo y este blog aparezca en la sección policiales de Crónica (al título de "Blogger desquiciada mata a empleada de Rapsodia, se come 10 cajitas feliz y se atrinchera en Unicenter") visitare al psicólogo/psiquiatra, probablemente esposada o con chaleco de fuerza.

xoxo (GG me puede demandar por plagio?)

Anne.

P/D: Como le dije a una amiga, le vamos a decir "Gigi" para resguardar su identidad, el finde estará lleno de posibilidades para reincidir. No les prometo mucho, pero haré mi mejor esfuerzo o en su defecto, les contaré de la manera más divertida posible que pasó.


lunes, 13 de julio de 2009

No aclares que oscurece

Si este fuera un grupo de auto ayuda me presentaría de esta manera: "Hola a todos, me llamo Anne y soy una eterna reincidente". ¿A que me refiero? Reincidir no es otra cosa que volver a caer en una falta u error. Es eso de lo que nos arrepentimos antes, durante y después de hacerlo, algo que desde cero creemos que está mal. Para decirlo de manera más simple, se trata de toda acción que culmina con un: "esta es la última vez que lo hago". Esa gran mentira. Está perfectamente claro para todos nosotros que ese "es la última vez que lo hago" es en realidad un lugar común que, a fuerza de repetición, deja de sentirse como una promesa para transformarse en parte del script de nuestro personaje. Por alguna razón elegimos no hacernos cargo de esa frase, el aroma a error es tapado por el dulce placer de lo incorrecto.
Fiel a mi persona, vueltera, inconformista y con los más diversos gustos e intereses, no me alcanza con reincidir en una sola cosa, siempre voy por más. Se repiten en mi vida frases como "es la última vez que tomo", "a este pibe no lo veo más", "hoy dejo de comer comida mega calórica", "desde hoy dejo de comprarme ropa que no necesito". De alguna forma u otra, cada decisión equivocada es repetida hasta el cansancio: mi cerebro me esconde las razones por las que no debería caer, por eso vuelvo a hacerlo con tanta gracia y glamour como la primera vez.
Se que llevar un diario sobre mis actividades no es nada original. Cualquier diario post-Bridget Jones suena a un intento desesperado de tomar la vida de los pelos y encarar un nuevo camino (que con mucha mucha suerte se transforma en una peli taquillera y nos llenamos de plata -gracias Hollywood por el delirio-). Anotar todo daría una supuesta sensación de control y conciencia de la vida que llevamos. Escribir pareciera ser sinónimo de reflexión y auto comprensión. En mi caso escribir me da la capacidad de revisar lo hecho, pero la constante repetición de los actos me confirman que llevar un diario no transforma en nada mi vida, sólo me hace mas evidente que no cambio más. Me tira los errores en cara sin ningún tipo de anestesia: es que no sólo sigo cayendo en lo mismo, sino con el agravante de hacerlo de manera consciente.
Podría decirse que este es un acto bastante masoquista, pero prefiero pensarlo como un recurso barato para plasmar experiencias, no con miras de cambios inmediatos sino casi como un proyecto seudo científico: voy a analizar cuantas veces una persona puede chocarse con la misma pared antes de parar definitivamente. Piénsenlo así, soy la linda ratita de laboratorio que va hacia la comida electrocutada una y otra vez hasta que se da cuenta de lo pasa. Evidentemente, si yo fuese esa ratita me electrocutaría al menos una docena de veces antes de entender algo, quizás moriría antes de entender.
Los diarios pueden quemarse, los archivos borrarse, nuestra cabecita puede ser ignorada, pero la voz del otro difícilmente pueda pasar desapercibida (si ya se, también puede ser rechazada, pero hay voces que hay que escucharlas). Este medio le da una nueva dimensión al diario, que deja de ser un mero testigo anónimo y sumamente fiel, para convertirse en una plataforma de exposición de mi persona. La voz del otro, su mirada, puede dirigir nuestras acciones y limitarnos pero ojo, tanto para mal como para bien. Creo que exponerme puede serme útil para empujarme a reincidir menos.
Leerme es casi como una obra de bien a mi persona que, presionada por su mirada acusadora, puede llegar a cambiar. Así que ustedes serán mi pequeño grupo de auto ayuda virtual: pueden opinar, retarme, gritarme (con mayúsculas) lo que quieran. No les quiero prometer nada que no pueda cumplir, pero hoy siento ganas de cambiar, de dejar de caer y si lo hago, empezar a hacerlo con mucha más gracia y al menos sin culpa.
Anne