domingo, 19 de julio de 2009

Victoria dudosa

En nuestra infancia nos acostumbraron a premiarnos por hacer las cosas bien, o mejor dicho, por cumplir con lo supuestamente correcto. Ganábamos estrellas (corazones, caritas felices, gatito, perrito, etc) por escribir bien palabras como "á-r-b-o-l", por quedarnos callados las 5/6 horas de clases, por correr más rápido que el resto, por jugar al quemado y matar a pelotazos a toda niña que se cruzara en nuestro raid de violencia y destrucción. El sistema de premios y castigos se repetía en casi todos los colegios y perdura hasta nuestros días acosando y corrigiendo la conducta de los niños.
Todos sabemos que además de generar competencia y bronca entre los compañeros de clase, estos sistemas implicaban la construcción de un personaje, de mentir para alejarnos al menos un rato de lo que realmente eramos. Me sobran los dedos de una mano para contar los niños que realmente se portaban bien por naturaleza y convicción. La mayoría de nosotros librábamos una batalla a muerte con nuestro diablo interno para portarnos bien y ganarnos una vez al año el premio pedorro. Por puro interés conteníamos las ganas casi indomables de salir corriendo cuando la maestra lo prohibía, de tirarle en la cara ese tentador vaso lleno de tempera azul al compañero de al lado, de copiarnos en toda prueba, todo por un momento fugaz de reconocimiento. Teníamos que controlar nuestros pensamientos y el cuerpo para un minuto de gloria.
¿A que viene este recuerdo de la infancia? Paso a explicar. Con orgullo puedo decirles que este finde no reincidí: no hubo compras injustificadas, ni copas de más, ni sms a las 5 am (si hubo exceso de calorías, pero necesarias) No pasó nada de lo que hoy me tenga que arrepentir ni que caiga en la categoría de "cosas que prometí no hacer más". Pero me pregunto.. ¿Puedo considerar esto una verdadera victoria para el equipo cuando en mi mente se armaron mil maneras diferentes de reincidir? ¿Me gano la estrellita porque me porte bien a pesar de que mi buen comportamiento fue sólo en hechos mientras que en mi cabeza reincidí?
Los que van a misa recuerdan el "Yo confieso". Para los que no, hacia el principio dice algo así como "Yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión". La religión una vez más hace de las suyas y me quita toda ilusión de victoria. Sin tirar mucho de los pelos podemos inferir que pensar en reincidir es tan malo como reincidir en hechos (pero mil veces más aburrido) La mente me juega en contra y destruye la fortaleza construida para no caer en lo de siempre. Entonces claramente no es victoria, es una derrota incuestionable.
Mi imaginación voló por los aires más de una vez, me imaginé cayendo, revolcándome en el error y hasta disfrutándolo. Lejos de reformarme, sólo construí una fachada mentirosa para esconder los pensamientos recurrentes que sirvió para este fin de semana, pero quien sabe cuanto durará. El verdadero desafío está entonces en vencer a la cabeza y no sólo en dejar de reincidir. Ahí se complica bastante la cosa. Mi mente es fuerte, testadura e imposible de ignorar. Luchar contra ella es como empezar un Argentina-Brasil 3-0 abajo, muy difícil pero no imposible. Hay que ponerle ganas extras, una sonrisa grande y estar dispuesto a comerse varios golpes en el intento.
Por eso esto es una victoria dudosa y acá no tengo referí ni AFA para que me ayude a solucionar el problema. Pero supongo que a pesar de esto, podemos pensar que hoy estoy bastante mejor que ayer y que al menos esta vez pude controlar mis impulsos. Se que no me merezco una estrella, pero ¿Media?

1 comentario:

  1. En una corte es imposible demostrar el "pecado mental", surgido de haber querido embarrar todo y no haberlo hecho. Lo importante es no haber apretado el gatillo, sin importar las ganas que uno haya tenido de matar a Kennedy. O a Kenny.

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