miércoles, 30 de diciembre de 2009
No seré Neruda pero...
Prometer, por ejemplo: "No voy a contestar ningún sms después de las 4am"
Ignorar una llamada
Estar conforme con mis decisiones
No buscar siempre más.
Puedo prometerme lo más irrisorio,
Dejarme los rulos y teñirme menos.
Comprar sólo la ropa necesaria.
Hacer como si esa parte superficial no existiera,
eliminar a la nena que juega a disfrazarse.
Puedo prometerme lo improbable.
Dejar de hablar con quienes no debería.
Obligarme a olvidar sólo porque sí.
Poner sus opiniones por sobre mis sentimientos.
Caminar atada a ideas de otros.
Puedo prometer lo impensado.
No intentar escapar cuantas veces pueda
Aferrarme al presente.
No buscar excusas para tatuarme.
Odiar menos a los insectos.
Puedo proponerme cosas como,
Arrasar con el mundo cada mañana.
Olvidarme un 14 de abril,
No llorar desconsoladamente los domingos de lluvia
Dejar de apasionarme por el pasado.
Podría, pero no voy a hacerlo.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Desenmascarando a Anne Elliot.
M: Ya está, me escapé, estoy sola. Puedo al fin ser yo. No soy más un objeto acosado por sus miradas determinantes, por sus ojos que me juzgan sin necesidad de palabras y que logran desequilibrarme. Ya no podrán construirme de manera arbitraria e incompleta. Se acabó el sufrimiento por la incertidumbre, por ignorar eso que creen que es mi ser y claramente no lo es. Puedo dejar de parecer para ser. (Sonríe, satisfecha) ¡Si ahora puedo ser yo misma!
Otra vez se la ve incómoda, algo le molesta. Sus dedos comienzan a moverse, parecieran seguir el ritmo de alguna canción. Independientes, recorren sus piernas hasta llegar al piso. Baja su mirada.
M: (con menos emoción, como si hubiese sido invadida por una emoción involuntaria: tristeza) Si, puedo ser yo misma. Pero… ¿Quién soy?
Rompe el silencio una voz, que como un murmullo leve y lejano aparece para responder su pregunta.
X: Sos humana, mujer, joven, argentina.
M: (Sin inquietarse, se levanta y se acerca al espejo, luego de unos minutos de auto observación responde) Si, soy todo eso. Puedo comprobar que soy humana, que pienso, respiro y siento. Me ajusto perfectamente a lo que se entiende por humano. Tengo un cuerpo que funciona acorde a las leyes biológicas y la capacidad de discernir, pensar y dudar esperables en cualquier “hombre”. Efectivamente, soy una mujer y además joven, al menos en función a lo que socialmente se considera juventud. El destino me hizo nacer en este lugar, por lo tanto soy Argentina.
Se frena. Piensa. Parece insatisfecha con su respuesta. Se separa del espejo y comienza a deambular por la habitación.
M: Pero si me defino por categorías tan generales ¿Dónde queda mi identidad? ¿Dónde empieza lo que me hace un ser particular e irrepetible? Se trata de características compartidas que dicen poco de mi ser y más sobre la pertenencia a un género y a un mundo determinado. ¿Eso alcanza para identificarme? Lo que quiero saber es quién SOY, no a donde pertenezco ni quiénes somos. Necesito separar mi ser de las generalidades, reencontrarlo en la soledad de esta habitación, aislándome de la realidad social.
Vuelve a irrumpir una voz, esta vez se expresa con más fuerza, como si se estuviese acercando.
X: Sos hija, hermana, tía, amiga.
M: (Para de caminar, se toma un momento y responde) Me tocaron esos roles y los vivo cada día, pero sólo se trata de etiquetas hijas de la contingencia. No fueron elegidas por mí, fueron impuestas por la relación con otros y la necesidad de definir vínculos. Si mi identidad se apoya en la relación que mantengo con quienes me rodean entonces SOY en función de los demás. Condenado a la dependencia del mundo social, mi yo estaría siempre limitado a ser hija de, hermana de, alumna de, empleada de. Quiero creer que soy más que la relación con otro, más que un objeto con el cual se vinculan.
Vuelve a sentarse. Se observa. Sus manos, sus pies. Se recuesta. A lo lejos comienzan a escucharse gritos inentendibles. A medida que se acercan las voces muy lentamente van cobrando sentido. Finalmente Logra distinguir lo que dicen.
X: Sos
X1: Estudiante
X2: Bailarina
X3: Profesora
M: Sí, ahí estoy. La relación que entablo con el mundo material comienza en mis acciones, en la praxis. Mi ser se proyecta en lo que hago, lo que soy se pone en juego en mis actividades y en los resultados. Estudio, bailo, enseño y en todo pongo en juego mi propio ser: mi cuerpo, mis sentidos, la razón están siempre presentes. (Con más ánimos de discutir, se para con firmeza y se acerca a la puerta)
M: ¿Puedo realmente identificarme por lo que hago? Mejor dicho: Lo que hago... ¿Me define? Estos caminos que sigo parecen guiarse por gustos personales, productos de la infinita libertad de elección. Pero esta libertad se ve coartada por las potencialidades reales. Me encuentro limitada por mis propias capacidades físicas y las disponibilidades sociales, porque al final, en el horizonte de cada práctica está la relación con los otros, que puede modificar por completo mi hacer. Lo que hago determina mi manera de ver el mundo y también la manera en que los otros me ven. Entonces a pesar de ser una parte constitutiva de mi, no soy lo que hago, porque en la acción participan más aspectos que mi ser: leyes sociales, aptitudes corporales y principalmente, el OTRO y la construcción de un mundo común.
Termina de hablar. Un grito la descoloca.
X: Sos Mariana Inés López
M: (Duda, mira a su alrededor como buscando a alguien que responda a ese nombre. Piensa y se sonríe) Si, ese es mi nombre. Pero me pregunto si no se trata de otra etiqueta impuesta, la primera y obligatoria para entrar al mundo social. Mis padres me llamaron así cuando nací. Mariana porque les gustó, Inés por tradición familiar, López por la costumbre del apellido paterno. Este acto de ser nombrados contiene una cierta dosis de violencia, que aunque simbólica y poco reconocida, existe. Nuestros padres eligen mucho más que un nombre: en esa decisión depositan miles de anhelos y deseos para este hijo que nace, lo determinan en su más básico nivel. Su nombre será aquello que lo acompañará de por vida, asumiéndolo como propio y anteponiéndolo a toda relación social, olvidando para siempre la desconexión inicial con él.
(Se acerca otra vez al espejo, se recorre con la mirada, busca algo especial, diferente) ¿Cuánto hay de mí en este nombre? Mariana Inés López, Mariana, Inés, López. Pierde sentido con la repetición, pierde sentido cuando lo usa otra mujer. Es una identificación que no necesariamente implica identidad. Soy esta Mariana y no otra, pero sin embargo, si mi nombre desapareciera, si decidiera cambiarlo, seguiría estando aquí y siendo yo. Mi identidad claramente no está allí, mi nombre es sólo el comienzo de una larga cadena de significantes.
Se aleja de la puerta esperando una respuesta. Las voces se apagan. Comienza a dar vueltas en la habitación hasta encontrarse de frente con la vela. Su luz firme y constante la deja perpleja. La observa.
M: Sos una vela y no dudo de tu existencia. Puedo nombrarte porque así lo aprendí, mis experiencias anteriores me dicen que sos eso y no otra cosa. Te veo, tu llama es constante, desafía la gravedad. Tu calor, aunque leve, es imposible de ignorar. Tocarte no me es necesario para reconocer la textura de tu superficie. Iluminás esta habitación, evitas que la oscuridad la domine. Si mis sentidos dejaran de percibirte, seguirías existiendo, al menos en mi imaginación, al menos en mi cabeza. (Se acerca aún más a la vela, sopla con todas sus fuerzas y la apaga. La oscuridad inunda la habitación) Nunca dejás de ser, seguís ahí. De eso no dudo.
La mujer casi desaparece, sólo se ve el contorno de su cuerpo, sus facciones se desdibujan pero continúan ahí. El ruido de sus pasos retumban en la habitación vacía. Su voz, casi como un susurro, retoma la exposición.
M: Mi existencia supera también la condición de ser comprobada por los sentidos, no dudo que estoy acá, que existo, que estoy viva. No me hace falta verme para saber esto, pero sigo sin poder responder quién SOY. Todo hasta ahora me ha demostrado que hay un mundo complejo que me constituye, pero no puedo dejar de pensar que no es propiedad única de mi identidad, sino de una sociedad entera. Me encuentro sujeta a ciertas condiciones materiales, que determinan mi existencia. Estoy en un tiempo y un lugar particular, rodeada de ciertas personas. Atada a las circunstancias, soy en función de ellas: mis pensamientos, mis prácticas, hasta el propio cuerpo se ajusta a requerimientos sociales y estéticos.
(Calla de golpe, respira y continúa dejando entrever un sentimiento de enojo, de bronca) ¿Por qué cuesta tanto hablar de uno? ¿No debería facilitárnoslo el hecho de “llevarnos puestos”? Evidentemente, estar pegados a los que somos nos impide definirnos con claridad. La imposibilidad de descentrarnos, de salirnos de nuestra propia existencia culmina con cualquier deseo de análisis “objetivo” o al menos de alcanzar una visión más clara de lo que somos. Uno existe encadenado al ser, se vive y en la vivencia hay una renuncia a entenderse y a analizarse continuamente.
(Otra vez se frena, su rostro refleja un descubrimiento, algo nuevo parece haber surgido que la entusiasma) Pero esta esclavitud al ser puede romperse con la aparición del otro: con su presencia, su mirada, caemos a cuentas de nuestra condición humana, somos conscientes de nosotros mismos. Todos mis intentos por separarme, por razonar sobre mi propio ser sin vincularme con los demás se vieron truncados por la esa realidad de la que no se puede escapar: la vida en sociedad.
De repente la puerta se abre, podemos ver a la mujer enfrentando el mundo exterior, iluminada por la claridad del día. Mira hacia el horizonte, completamente inmóvil parece abandonada a la reflexión.
M: (Con firmeza, convencida y segura de lo que va a decir retoma su monólogo) Estaba equivocada, no sirve aislarse para encontrarme. La vida, el mundo, el prójimo. Al final ahí estoy yo. ¿Quién soy? (pausa) Un sujeto social, inmerso en un mundo y sólo a partir de esta relación puedo responderme. Me invento a mi misma, no creando de la nada sino construyendo a partir de lo que me rodea. Los condicionamientos existen, pero la libertad de elección me permite rearmar mi ser a partir de esta realidad, compartida pero no igualmente determinante para todos.
Si “el infierno son los demás”[i], nos quemaremos de por vida, porque es gracias a su presencia indudable como podemos conformar un mundo y reconocernos en él. Si bien lo primero que se experimenta en la sociabilidad es malestar, también es donde experimentamos el placer de liberarnos de la presión del ser. En tanto vivimos somos.
Buscaba una identidad despojada de toda relación que no es posible ni deseable. Me di cuenta que la identidad no es algo definitivo sino un proyecto, que se construye y se modifica dentro de un mundo particular. El paso constante del tiempo y la finitud del ser nos empujan a creernos como sujetos concisos y terminados, pero la contingencia cambiante nos demuestra que pensarnos como hombres acabados es una gran mentira.
(Pone un pie fuera de la habitación, pero antes de salir retoma la palabra) Hoy soy Mariana Inés López: estudiante, bailarina y profesora. Hija, hermana, tía, amiga. Como todos, siento, juego, disfruto, amo, sufro, me pierdo, deseo. Siempre media mi ser en la generalidad. Vivo y me comprendo, aunque a veces me “canso de llevarme puesta”[ii]…
Se aventura al mundo exterior, cierra la puerta con fuerza al salir. La habitación es pura oscuridad, pero el silencio ha desaparecido. Miles de voces llenan el vacío dejado por nuestra protagonista, que al haber reconocido al otro le da palabra.
FIN
[i] Sartre, JP: A puerta cerrada, Editorial Losada, Buenos Aires 2004.
[ii] Soriano, O: Una sombra ya pronto serás, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2009.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Back to the future
Los pongo en situación. Típica noche de viernes/sábado de boliche, cuando empezas a sentir que corre más alcohol que sangre por las venas, las amigas desaparecen por arte de magia y ya no podes distinguir entre Cristian Castro y Luis Miguel. Ahí aparece ese ¨conocido¨, ese amigo del amigo del amigo que alguna vez pensaste que no estaba tan mal. Bailas un poco, arman un dueto improvisado para cualquier temón romántico, te dice todas las lineas del diccionario del chamuyo barato y te le reís un poco en la cara (siempre con él, nunca de el...).
miércoles, 26 de agosto de 2009
Cambiar de país no es cambiar
Gente seamos realistas o al menos sinceros: no vamos a encontrar al amor de nuestras vidas en el avión, es imposible volver con la misma cantidad de kilos en las valijas, dolarizar las cosas que compramos no las hace más baratas y viajar no es terapia para el cambio. Matemos de una vez por todas el mito de viaje=cambio. Salir del país no nos asegura volver renovados ni muchos menos volver siendo otros. Las cosas nunca son así de fáciles.
lunes, 27 de julio de 2009
Tiradísima de los pelos
Soy reincidente si
lo tengo que aceptar
no existe error que yo
no repita.
Tienen que comprender
que no me causa risa
caerme en un pozo que
nunca termina.
Creía que parar
era cosa sencilla
decidir no caer
ser fuerte una vez.
Y olvide aquello
que alguna vez juraba
que nunca más haría, nunca más haría,
pero sin embargo volví a hacer.
Todo me demuestra
que al final de cuenta
prometo cada día
caigo cada día
soy reincidente
y ya lo sé.
No puedo yo entender
por qué no puedo parar
¿de que vale caer,
si después va a doler?
Inútil es pelear
no puedo detenerme
mi mente olvida por qué
y ahí me pierdo.
Creía que parar
era cosa sencilla
decidir no caer
ser fuerte una vez.
Y olvide aquello
que alguna vez juraba
que nunca más haría, nunca más haría,
pero sin embargo volví a hacer.
Todo me demuestra
que al final de cuenta
prometo cada día
caigo cada día
soy reincidente
y ya lo sé.
No puedo parar
de reincidir
solo queda (solo queda)
aceptar y gritar:
SOY REINCIDENTEEEEE
domingo, 19 de julio de 2009
Victoria dudosa
jueves, 16 de julio de 2009
Top 5
Que esto no se interprete como una forma de justificar mis acciones, tan sólo son frases explicativas y nada lógicas para entenderme un poco más.
- "Mejor malo conocido..": Si a vos, persona promedio, lo seguro te tranquiliza, ni te imaginas a mi. Cuando caigo en lo mismo me salvo de todos los riesgos nuevos que implica lo desconocido. ¿Divertido? Muy poco. ¿Lógico? No se, pero en algún punto entendible.
- "Pegame que me gusta": Un espíritu masoquista por momentos me domina. Pareciera encantarme caer y decir "otra vez lo mismo, yo no cambio más", "que tonta que soy, no aprendo"etc. Soy la que se lastima, se saca la cascarita y se queja por el dolor que siente otra vez.
- "Pecar es humano pero se siente divino": Levante la mano quien no se tienta ni un poco con lo prohibido. El NO se convierte en un fantasma que nos acosa constantemente, el diablito en nuestro hombro que nos pincha y nos asegura que si le hacemos caso la vamos a pasar genial. Y bueno, la carne es débil y yo caigo como "la inocente palomita" que soy.
- "Bueno, bonito y barato": Está ahí, a mi alcance, en mi speed-dial. Reincidir es para mi como una remera de Complot en Sale. Seguramente no es el talle perfecto, tampoco es exactamente lo que estaba buscando ni puedo elegir el color que más me gusta, pero sin embargo la compro. De seguro hay mejores opciones si busco un poco, pero ya está ahi y cumple con las expectativas mínimas.
- "Más fácil que la tabla del 2": Ojo, no piensen cualquier cosa, no me refiero exactamente a eso. Reincidir me evita un serio esfuerzo mental, el trabajo de comparar, de analizar pros y contras. Es la auténtica salida fácil en toda situación.
Para los que se preguntan por qué no voy directamente a un psicólogo y me dejo de hinchar les digo que además de reincidente soy mala. Pienso negarle la fiesta y la alegría de tratarme a esos seudo médicos todo el tiempo que pueda. El día que toque fondo y este blog aparezca en la sección policiales de Crónica (al título de "Blogger desquiciada mata a empleada de Rapsodia, se come 10 cajitas feliz y se atrinchera en Unicenter") visitare al psicólogo/psiquiatra, probablemente esposada o con chaleco de fuerza.
xoxo (GG me puede demandar por plagio?)
Anne.
P/D: Como le dije a una amiga, le vamos a decir "Gigi" para resguardar su identidad, el finde estará lleno de posibilidades para reincidir. No les prometo mucho, pero haré mi mejor esfuerzo o en su defecto, les contaré de la manera más divertida posible que pasó.
lunes, 13 de julio de 2009
No aclares que oscurece
Fiel a mi persona, vueltera, inconformista y con los más diversos gustos e intereses, no me alcanza con reincidir en una sola cosa, siempre voy por más. Se repiten en mi vida frases como "es la última vez que tomo", "a este pibe no lo veo más", "hoy dejo de comer comida mega calórica", "desde hoy dejo de comprarme ropa que no necesito". De alguna forma u otra, cada decisión equivocada es repetida hasta el cansancio: mi cerebro me esconde las razones por las que no debería caer, por eso vuelvo a hacerlo con tanta gracia y glamour como la primera vez.
Se que llevar un diario sobre mis actividades no es nada original. Cualquier diario post-Bridget Jones suena a un intento desesperado de tomar la vida de los pelos y encarar un nuevo camino (que con mucha mucha suerte se transforma en una peli taquillera y nos llenamos de plata -gracias Hollywood por el delirio-). Anotar todo daría una supuesta sensación de control y conciencia de la vida que llevamos. Escribir pareciera ser sinónimo de reflexión y auto comprensión. En mi caso escribir me da la capacidad de revisar lo hecho, pero la constante repetición de los actos me confirman que llevar un diario no transforma en nada mi vida, sólo me hace mas evidente que no cambio más. Me tira los errores en cara sin ningún tipo de anestesia: es que no sólo sigo cayendo en lo mismo, sino con el agravante de hacerlo de manera consciente.
Podría decirse que este es un acto bastante masoquista, pero prefiero pensarlo como un recurso barato para plasmar experiencias, no con miras de cambios inmediatos sino casi como un proyecto seudo científico: voy a analizar cuantas veces una persona puede chocarse con la misma pared antes de parar definitivamente. Piénsenlo así, soy la linda ratita de laboratorio que va hacia la comida electrocutada una y otra vez hasta que se da cuenta de lo pasa. Evidentemente, si yo fuese esa ratita me electrocutaría al menos una docena de veces antes de entender algo, quizás moriría antes de entender.
Los diarios pueden quemarse, los archivos borrarse, nuestra cabecita puede ser ignorada, pero la voz del otro difícilmente pueda pasar desapercibida (si ya se, también puede ser rechazada, pero hay voces que hay que escucharlas). Este medio le da una nueva dimensión al diario, que deja de ser un mero testigo anónimo y sumamente fiel, para convertirse en una plataforma de exposición de mi persona. La voz del otro, su mirada, puede dirigir nuestras acciones y limitarnos pero ojo, tanto para mal como para bien. Creo que exponerme puede serme útil para empujarme a reincidir menos.
