Un día, de paseo por mi librería preferida, me crucé con un librito de esos escritores orgánicos que me caen mal (hablo de Marcos Aguinis), pero que me tuve que comprar porque el título fue casi como un llamado personal: se llama "Elogio a la culpa". Los que me conocen un poquito saben que todo me da culpa. Si si, no exagero, todo puede causarme ese sentimiento. Si hago algo mal siento culpa, si lo hago bien también, si respiro fuerte, si me olvido de un cumpleaños, si elijo una persona por sobre otra, hasta en un momento me daba culpa estar viva.
Creo que me llevó como mucho 2 días leerlo, hacerle anotaciones, marquitas y todas esas decoraciones que me gusta hacerle a los libros para sentirlos más míos. Como todo libro medio pelo, no me dejó pensado, no me cambió la vida (es mucho pedirle eso a un libro, no?), ni me dieron ganas de patear ningún tablero. Lo cerré, lo puse junto al resto de los libros de la misma editorial (esos criterios de orden raros que uno establece en los estantes) y me olvide por completo de él.
De vez en cuanto me gusta abrir cualquier libro de la biblioteca y mirar la primera anotación que encuentre. Casualmente, hace unos días tomé "Elogio a la culpa" y las primeras palabras que saltaron hacia mí fueron:
"La adecuación a lo bueno y el rechazo a lo malo se consigue esforzadamente, lentamente, para conformar a otro, no a uno."
La culpa viene de la mano del ingreso a la cultura y la necesidad de establecer lo que está bien y lo que está mal. Cuando logramos internalizar eso, meterlo bien adentro para que resulte natural, es ahí cuando la culpa actúa libremente, como un huésped vip en las cabecitas diciéndonos que hacer o más bien, obligandonos a renunciar a todo aquello que no entra en la categoría de "bueno". La culpa es eso que te hace olvidar el placer y te empuja a darte de a latigazos por lo mal que te comportaste, es la que te hace revolver la cabeza hasta explotar por exceso de pensamiento, es la vocecita que te dice "mal, muy mal, otra vez lo mismo, vos no aprendes mas.."
Desde el momento cero, abordé esto de reincidir como algo malo, como eso que indudablemente tengo que dejar de hacer. Partí desde una concepción negativa, impulsada sobretodo por los sentimientos que me persiguen luego de cometer el "terrible acto": tristeza, decepción y sobretodo, culpa. Pero realmente nunca me puse a pensar, más allá de estos sentimientos, realmente por qué debería dejar de reincidir.
Me quiero volver chango. ¿Cómo se me pasó esto? Mi lucha por dejar de reincidir, ¿tiene más que ver conmigo o con los demás? ¿Reincidir es "lo malo", lo que me está haciendo mal? ¿O es lo que no entra dentro del parámetro de bueno para los otros? Hoy estoy dudando, no estoy segura de si trata de querer dejar de reincidir o mas bien necesitar dejar de hacerlo. Pero quizás, si le pongo pausa a la culpa y los escucho menos, me doy cuenta y hasta por ahí la cosa toma otro color...
p/d: para los que se quedaron preocupados por la calidad de mis lecturas, ahora estoy contenta con Saramago, luego de una racha de Galeano, Soreano y el interminable Proust.
sábado, 3 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario