Si este fuera un grupo de auto ayuda me presentaría de esta manera: "Hola a todos, me llamo Anne y soy una eterna reincidente". ¿A que me refiero? Reincidir no es otra cosa que volver a caer en una falta u error. Es eso de lo que nos arrepentimos antes, durante y después de hacerlo, algo que desde cero creemos que está mal. Para decirlo de manera más simple, se trata de toda acción que culmina con un: "esta es la última vez que lo hago". Esa gran mentira. Está perfectamente claro para todos nosotros que ese "es la última vez que lo hago" es en realidad un lugar común que, a fuerza de repetición, deja de sentirse como una promesa para transformarse en parte del script de nuestro personaje. Por alguna razón elegimos no hacernos cargo de esa frase, el aroma a error es tapado por el dulce placer de lo incorrecto.
Fiel a mi persona, vueltera, inconformista y con los más diversos gustos e intereses, no me alcanza con reincidir en una sola cosa, siempre voy por más. Se repiten en mi vida frases como "es la última vez que tomo", "a este pibe no lo veo más", "hoy dejo de comer comida mega calórica", "desde hoy dejo de comprarme ropa que no necesito". De alguna forma u otra, cada decisión equivocada es repetida hasta el cansancio: mi cerebro me esconde las razones por las que no debería caer, por eso vuelvo a hacerlo con tanta gracia y glamour como la primera vez.
Se que llevar un diario sobre mis actividades no es nada original. Cualquier diario post-Bridget Jones suena a un intento desesperado de tomar la vida de los pelos y encarar un nuevo camino (que con mucha mucha suerte se transforma en una peli taquillera y nos llenamos de plata -gracias Hollywood por el delirio-). Anotar todo daría una supuesta sensación de control y conciencia de la vida que llevamos. Escribir pareciera ser sinónimo de reflexión y auto comprensión. En mi caso escribir me da la capacidad de revisar lo hecho, pero la constante repetición de los actos me confirman que llevar un diario no transforma en nada mi vida, sólo me hace mas evidente que no cambio más. Me tira los errores en cara sin ningún tipo de anestesia: es que no sólo sigo cayendo en lo mismo, sino con el agravante de hacerlo de manera consciente.
Podría decirse que este es un acto bastante masoquista, pero prefiero pensarlo como un recurso barato para plasmar experiencias, no con miras de cambios inmediatos sino casi como un proyecto seudo científico: voy a analizar cuantas veces una persona puede chocarse con la misma pared antes de parar definitivamente. Piénsenlo así, soy la linda ratita de laboratorio que va hacia la comida electrocutada una y otra vez hasta que se da cuenta de lo pasa. Evidentemente, si yo fuese esa ratita me electrocutaría al menos una docena de veces antes de entender algo, quizás moriría antes de entender.
Los diarios pueden quemarse, los archivos borrarse, nuestra cabecita puede ser ignorada, pero la voz del otro difícilmente pueda pasar desapercibida (si ya se, también puede ser rechazada, pero hay voces que hay que escucharlas). Este medio le da una nueva dimensión al diario, que deja de ser un mero testigo anónimo y sumamente fiel, para convertirse en una plataforma de exposición de mi persona. La voz del otro, su mirada, puede dirigir nuestras acciones y limitarnos pero ojo, tanto para mal como para bien. Creo que exponerme puede serme útil para empujarme a reincidir menos.
Fiel a mi persona, vueltera, inconformista y con los más diversos gustos e intereses, no me alcanza con reincidir en una sola cosa, siempre voy por más. Se repiten en mi vida frases como "es la última vez que tomo", "a este pibe no lo veo más", "hoy dejo de comer comida mega calórica", "desde hoy dejo de comprarme ropa que no necesito". De alguna forma u otra, cada decisión equivocada es repetida hasta el cansancio: mi cerebro me esconde las razones por las que no debería caer, por eso vuelvo a hacerlo con tanta gracia y glamour como la primera vez.
Se que llevar un diario sobre mis actividades no es nada original. Cualquier diario post-Bridget Jones suena a un intento desesperado de tomar la vida de los pelos y encarar un nuevo camino (que con mucha mucha suerte se transforma en una peli taquillera y nos llenamos de plata -gracias Hollywood por el delirio-). Anotar todo daría una supuesta sensación de control y conciencia de la vida que llevamos. Escribir pareciera ser sinónimo de reflexión y auto comprensión. En mi caso escribir me da la capacidad de revisar lo hecho, pero la constante repetición de los actos me confirman que llevar un diario no transforma en nada mi vida, sólo me hace mas evidente que no cambio más. Me tira los errores en cara sin ningún tipo de anestesia: es que no sólo sigo cayendo en lo mismo, sino con el agravante de hacerlo de manera consciente.
Podría decirse que este es un acto bastante masoquista, pero prefiero pensarlo como un recurso barato para plasmar experiencias, no con miras de cambios inmediatos sino casi como un proyecto seudo científico: voy a analizar cuantas veces una persona puede chocarse con la misma pared antes de parar definitivamente. Piénsenlo así, soy la linda ratita de laboratorio que va hacia la comida electrocutada una y otra vez hasta que se da cuenta de lo pasa. Evidentemente, si yo fuese esa ratita me electrocutaría al menos una docena de veces antes de entender algo, quizás moriría antes de entender.
Los diarios pueden quemarse, los archivos borrarse, nuestra cabecita puede ser ignorada, pero la voz del otro difícilmente pueda pasar desapercibida (si ya se, también puede ser rechazada, pero hay voces que hay que escucharlas). Este medio le da una nueva dimensión al diario, que deja de ser un mero testigo anónimo y sumamente fiel, para convertirse en una plataforma de exposición de mi persona. La voz del otro, su mirada, puede dirigir nuestras acciones y limitarnos pero ojo, tanto para mal como para bien. Creo que exponerme puede serme útil para empujarme a reincidir menos.
Leerme es casi como una obra de bien a mi persona que, presionada por su mirada acusadora, puede llegar a cambiar. Así que ustedes serán mi pequeño grupo de auto ayuda virtual: pueden opinar, retarme, gritarme (con mayúsculas) lo que quieran. No les quiero prometer nada que no pueda cumplir, pero hoy siento ganas de cambiar, de dejar de caer y si lo hago, empezar a hacerlo con mucha más gracia y al menos sin culpa.
Anne

Buen primer post!
ResponderEliminarEspero seriamente poder seguir entrada a entrada este diario y darte mi punto de vista. Prometo que será cínico y optimista en cada oportunidad.
besos!