(vamos a ver que sale...)
Ya quedó mas o menos claro lo que es para mi reincidir. Implica repetir hasta el cansancio algo que esta mal, volver a caer en lo mismo una y otra vez, siempre repitiendo ¨es la última vez que lo hago¨. Todo esto con el agravante de tener una conciencia al asecho, lista para tirarte toda la culpa encima y disfrutar el ¨te lo dije mamita¨(ok, a mi conciencia le cabe la cumbia villera).
A pesar de su lado agresivo, hay que admitir que la conciencia es el arma de defensa más fuerte que tenemos, es el angelito (por lo general bueno) que está siempre ahí para recordarte cómo después te vas a arrepentir, cuanto vas a llorar, etc. Podría hasta decirse que tiene la capacidad de anticiparse al futuro, de adelantarte un poquito lo que vendrá jugando con elementos de nuestro pasado. Si señores, no nos hace falta ningún Doc Brown ni DeLorean para ver que podría llegar a pasar más adelante o revivir lo que ya pasó. La cabecita puede hacerlo sola.
Aprovechando el pedido de Gigi, que esta ansiosa por leer alguna de las infinitas anécdotas en nuestro haber, voy a usar nuestra salida de ejemplo para mostrar como ahora además de reincidente soy una mujer con poderes sobrenaturales que puede ver el futuro. Debo decir que me da algo de miedo ventilar así nomas charlas y salidas que el alcohol o la vergüenza suelen tapar, pero hoy le voy a hacer caso, a medias. Para evitar problemas legales, reproches y por sobretodo arrepentimientos, voy a omitir nombres/lugares/referencias temporales. Si, es una anécdota depurada de todo lo jugoso, pero recuerden que este no es un blog de chismes, tendré uno cuando Rial me contrate.
Los pongo en situación. Típica noche de viernes/sábado de boliche, cuando empezas a sentir que corre más alcohol que sangre por las venas, las amigas desaparecen por arte de magia y ya no podes distinguir entre Cristian Castro y Luis Miguel. Ahí aparece ese ¨conocido¨, ese amigo del amigo del amigo que alguna vez pensaste que no estaba tan mal. Bailas un poco, arman un dueto improvisado para cualquier temón romántico, te dice todas las lineas del diccionario del chamuyo barato y te le reís un poco en la cara (siempre con él, nunca de el...).
Los pongo en situación. Típica noche de viernes/sábado de boliche, cuando empezas a sentir que corre más alcohol que sangre por las venas, las amigas desaparecen por arte de magia y ya no podes distinguir entre Cristian Castro y Luis Miguel. Ahí aparece ese ¨conocido¨, ese amigo del amigo del amigo que alguna vez pensaste que no estaba tan mal. Bailas un poco, arman un dueto improvisado para cualquier temón romántico, te dice todas las lineas del diccionario del chamuyo barato y te le reís un poco en la cara (siempre con él, nunca de el...).
No sos la cenicienta, pero tampoco la noche es eterna. Así que te tomas 5 segundos para pensar, la idea de agarrarte a alguien porque si no te entusiasma demasiado, pero el hecho de que el chico en cuestión no figure en el prontuario es más que alentador y hasta llamativo. Te convences que es lo mejor que puede pasarte esa noche, que sos joven y que tenés todo el derecho del mundo a divertirte.
En ese instante, justo ahí, aparece el jodido deja vu. Esa sensación de estar en un momento ya vivido, algo que paso y se REPITE. Conjugado con los litros de speed con vodka, el mareo correspondiente y los empujones de la mina de atrás, el deja vu cobra dimensiones inesperadas, te obliga a frenarte para repensar la situación. La duda te envuelve, aparece para acosarte con la idea loca de que este fenómeno no puede ser casual, que alguna conexión tiene que existir.
Y si, existe. El deja vu resulta ser una verdadera llamada de atención de la cabeza que te avisa, o te recuerda, que esto de alguna manera ya paso. ¿Cuantas de las cosas en tu lista de ¨nunca más lo hago¨ comienzan con una escena así? Es como cuando estas viendo una película de terror y la protagonista va caminando sola, de noche, por una callejón. Sabes que la van a matar, no podes contenerte y le gritas ¨rubia tarada anda por otro lado que ahí Jason te agarra seguro¨. Eso es lo que hace nuestra cabeza.
El boliche, el chico, la música, el vodka, todo dice que acá empieza una de esas historias que van a entrar en el no lo hago más y que seguramente vas a repetir hasta que encuentres algo más masoquista y complicado para hacer. El pobre pibe no tiene la culpa del pasado que una tiene, pero en la urgencia de parar con la racha de caídas producto de la (casi) misma piedra, le toca pagar. Porque esta novela ya la conoces, sabes como termina y lo mal que te puede hacer sentir.
Pero que no se me mal interprete. No estoy diciendo que hay que prohibirse empezar algo nuevo sólo por miedo a la posible repetición. No no, sólo quiero destacar que hay ocasiones que parecen venir con un cartel luminoso que dice ¨ERROR¨ y que deberíamos prestarle un poco más atención a esas señales, aprovechar la llamadita que te hace la cabeza. Quizás estamos a tiempo de cambiar de rumbo y no chocarnos con la misma pared de siempre.
Con el tiempo, la práctica y sobretodo un poco de compromiso, los carteles que aparecen ya ni nos preocupan. No necesitamos el reto de la conciencia para hacernos girar antes de siquiera pensar en reincidir. Estoy convencida de que las condiciones eventualmente van a mejorar, las situaciones van a dejar de sonarnos repetidas y que por fin nos encaminaremos hacia algo diferente y ¨normal¨. Un día nos vamos a levantar, vamos a salir a la calle y la cabeza sólo podrá decir: Dale para adelante, que no hay moros en la costa.

y ahora todos podemos firmar.
ResponderEliminarsoy tu fana nº1!
t qiero amigaaaaa
gigi